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Pepensador

Escena de bar # 12

El ambiente, como siempre, era espeso. El humo del cigarro hallabase bastante cómodo, justo por debajo de las desvencijadas luminarias. La música sonaba estridente. Los parroquianos se apilaban en la reducida ¿pista? Yo solo miraba el triste escenario de cada noche y meditaba mil y un cosas, ninguna mas importante que las demás. Mi compañero interpretaba con el rutinario desgano y la habitual técnica magistral que de tanto desgaste, parecía acartonadamente exacta. De pronto, los recuerdos se agolparon y pasaron por la mente, como en una mala película, Agustin, Armando, Pepe Sabre y tantos colegas que compartieron las noches de bohemia que, sin proponerselo demasiado, marcaron mi particular aspecto; una rajada por ahi, un golpe que nunca curó. De pronto, la aburrida calma se vió sustituida por la violenta aparición del borracho peleonero de siempre, con disfraz nuevo. Lo malo fue que su umbral de agresividad era bastante alto. Eso, aunado al inmenso tubo de quien sabe cuantas pulgadas con el que fracturaba craneos y lo que se encontraba a su paso, me hizo temer lo peor. Se acercó a nosotros y con un solo swing, eliminó a mi pareja, para terminar su periplo destructor conmigo. Los cuatro mandarriazos que tuvo a bien asestarme, terminaron una historia de notas, triunfos y ya para el final, bastantes amarguras. EL recuento de la autoridad, fue de alrededor de quince lesionados. A mi no me contaron. Solo el administrador se lamentó al terminar su recorrido de evaluación: Tambien desgració el piano!.

 

1 comentario

César -

Moraleja: si vas a agarrar el pedo, recuerda siempre usar casco.