Alcanzame una distancia para medir tu lejania, de lejos el amargo sabor sabe igual pero se aguanta un poco mejor.

Cubreme con sápidas miradas de complicidad en lo prohibido, que es lo unico cierto en este mar. Me ahoga...

Devuelveme, eso si, todas las velas encendidas o mejor aun, solo trae de vuelta la luz y guarda los pabilos para el viajante que pueda llegar luego.

Si los vasos no contienen lo contenido, etiquetalo con un recuerdo triste y uno dulce, una lágrima que se mantiene en la retina de nuestras imágenes.

El orgullo de tener nada, la triste sensación de poseer catorce estrellas ¿o eran miles? y no poder conservarlas... Me bastaría una sola!

Abre, pues la puerta y sal a mi interior para abandonarnos juntos, al ánimo, al alimón. De frente y sin cortapisas, con la exagerada certeza de lo incierto y con todo el dolor que nos provoca este no adios, sino hasta pronto.

Se van quedando solas las ansias, se juntan los sueños con las ganas de no despertar jamás.