No pudo recordar si el final fue igual o parecido, pero si tenia bien presente la trama: la esposa del millonario comatoso intentaba canjear su libertad por una o dos noches de apasionados encuentros con el primer osado que accediera al trueque. Fin de las semejanzas. Las dos noches fueron tres semanas en que el convencimiento fue in crescendo, lenta pero paulatinamente. A los dos dias ya estaba casi decidido, pero decidio hacerse un poco del rogar, con miras de prevenir un cambio de planes repentino y buscando prolongar lo mas posible la, en ese entonces ventajosa, situacion. Nunca dudo en acceder al intercambio, pero buscó negociar lo mejor que pudo, aun sabiendo que, de su parte, no habia mucho que negociar -o accedes a matar o no accedes, ni modo que mates a medias- Al paso de los veintiun dias, recordó lo que nunca debio olvidar: en la cinta, la esposa, en un arranque de conveniente arrepentimiento, decide delatar al asesino de su amadisisisimo esposo. El maleante, adecuadamente incriminado durante tres semanas de acucioso aporte de pruebas y evidencias, enceguecido por la ira, intenta ahorcar a la pobre viuda, quien en un acto de legitima defensa, dispara y acaba con el idiota.

Alcanzó a ver una especie de sonrisa lastimosa en ella al caer sin vida...