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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2011.

Apenas suficientes

Hay distancias enormes, que se miden en carencias. Falencias que medran con el tiempo y tiempos que se decantan de ausencias.

Obstinados, los relojes sufren de lejanías susurrantes, agonías de segundos que nunca maduraron en minutos, pero trocaron en horas, lentas, perversas, alargadas.

A tientas, se dibujan los resquemores y las fallas, los que se quedan archivados en el ultimo cajon, los que a fuerza de parirlos, mueren de inanición o indiferencia.

Hay, sin quererlo, instantes de entusiasmo, lugares comunes de homenajes y prolegomenos al valiente ignoto, indómito y heroico. Aquel que, rayando en la inconciencia, se despeña por un tropel de aristas, afiladas e hirientes de las que nunca, ni aun en error, saldrá indemne. Estos son los más demandados por los cantores.

Apenas suficientes, su voz y su dolor anuncian la posible victoria de las mañanas sobre la bruma... para recibir la brutal sorpresa.

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Abril en vísperas de nada

Dicen que Abril es el mes más triste.

El jefe de los avasallados propone que te acuerdes de el.

En Abril sucedió y no se ha ido.

La luna de Abril suele ser más perturbadora y licántropa.

Cuando Abril suena, lleva estrellas.

Al flaco andaluz se lo han robado y frenético, va buscándolo sin ganas de encontrarlo.

Ilusos, algunos lo coleccionan y otros lo van perdiendo irremisiblemente, sin saber que solo se acumula por lados insospechados.

Abril, hay incluso quien firma con el, sin obligación de talante o vestimenta.

Yo solo sé que en un breve Abril podría rescatar al corazón, para volverlo a perder o perderlo para poderlo rescatar.

 

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Cada que se pueda

Cada que se pueda, habria que capturar pequeñas dosis de luz y guardarlas en breves capsulas de compañía.

Dormir unos cuantos sueños para algunas otras tardes de insomnio. (Las noches son invulnerables y todavía no se inventa la vacuna)

Generar con unos pocos trozos de sol, abrazos cálidos y cuando se llena el corazón donde los guardes... repartirlos indiscriminadamente.

Reciclar los afectos recibidos para afectar a nuevas y entrañables y extrañables presencias sin pizca alguna de egoismo o incertidumbre.

Poblar, pues lo árido del páramo. Alimentar la soledad hasta hacerla minúscula, germinar lo que se pueda en la tierra más árida, sin aspavientos ni noticias... solo por premura y ansia. Colectar las migajas para hornear de nuevo el pan y compartirlo con fulano, sin esperar reciprocidad.

Tal vez y solo tal vez asi, pudiera doler menos tu ausencia.

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