La escena era mas que habitual. Las tres mesas de siempre y el resto esperando. Un florero moría de aburrimiento, mientras Fermin lo deshacia poco a poco, a fuerza de frotarlo con el ajado pedazo de tela.

Borges sorbía el expresso y vigilaba el ingreso. Hacía rápidas anotaciones que corregía continuamente. Madame Trennet seguía contando las botellas de Rioja, como si despues de contarlas muchas veces, pudieran aparecer las cuatro que se habia despachado Dieter, el cocinero.

Entre tanto, a espaldas de don Jorge, la mesa mas breve era apabullada por la presencia inmensa de Anibal, el capataz de la granja de los Monttelier. Sus ciento treinta kilos hacían ver minúsculo el mobiliario de todo el lugar.

-Mas pan. El gigante era expresivo de modos no verbales

Madame Trennet interrumpió la cuenta del vino y fue a la cocina. Colocó la canasta en la mesa de la masa de gente cuando ella entró.

Los tres comensales en la mesa que aún no aparecía en escena -de Lucia, Piazzola y Rulfo- parecian no percatarse de nada y siguieron elaborando la intrincada teoría de los origenes comunes del tango, el flamenco y el mariachi, merced a un ancestro rumano o checo en común.

Ella fue directo a la barra y se sentó en la silla más nueva. Dejo a un lado la bolsa y el abrigo, puso las gafas en la barra y volteó a buscar.

-En que puedo servirle?

-Tortilla española y un americano, por favor. Se levantó. No dijo nada y se dirigió a asearse.

Quiza fue su perfume. El vuelo de su cabello pudo ayudar, pero Astor y Paco no pudieron evitar seguirla con el paso mental firme de dos entusiastas derrotados. Juan solo sonrió.

Borges pidió otro americano y hasta el enorme lo corrigió: "Expresso! Don Jorge, usted toma expresso!"

Cuando ella salió, ya habian llegado los de siempre. Los que, cada tarde, montaban guardia en la esquina de enfrente y solo esperaban que entrara al Rampasse, fingian no ponerse de acuerdo para no ordenar nada y solo la disfrutaban a golpes de retina y algun esporádico suspiro.

La rutina se cumplió con exactitud milimétrica. Ella terminó de comer, pagó y solo entonces cubrió su desnudez con el abrigo, se colocó las gafas y se fué.