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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2011.

No siempre es necesario

El calor -como era usual- ya no lo agobiaba. Simplemente se dejaba calcinar lento.

Los recurrentes empezaban el recorrido. Tenia tiempo dejándolos estar, tal vez sencillamente ser. No sabía -o quería- conflictuarse con ellos y quedar indemne.

Uno empezó: "Y si tooooodo es solo un error?" Iniciaba a masticarlo para no poder tragarlo, cuando otro atacó : "Tal vez es producto de una torpeza natural, que no cualquiera disculpa"

Las nubes, en su errante dibujar formas, no acababan de cumplir con su tarea de ilusionar un descenso en el, ya inminente, infierno.

Quiso aclarárselo, pero no estaba para disculpas. No entendió que los sueños son autónomamente desmadrosos, que la víscera cardiaca es harto voluble y que el alma se disfraza a menudo, para ocultarse de si misma.

Cuando logró articular una serie de argumentos, más o menos verosímiles, rompió mentalmente el escrito... y decidió lo obligado para el polvoriento corrompido que se imaginaba: uno no es uno claudicando, modificando esa colección descolorida de defectos que nos van definiendo.

Las nubes se alinearon para llorar su cargamento.

Las figuras formadas nunca fueron parecidas a nada de lo que hubiera esperado, y sin embargo, la explicación siempre estuvo ahi.

 

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El mar y un servidor

Si la luna de Don Jaime se toma a cucharadas, el mar del de la voz se inyecta en cataplasmas, de preferencia voluminosas que inunden -literalmente- el organismo. El sitio elegido para dichas infusiones queda siempre a elección del paciente y se procurará que sea preferentemente a cualquier hora del día.

Que porque el de la voz, arrogantemente se abroga una propiedad tan universal? Porque lo bueno de lo bueno es que es bueno para todos.

Yo he visto la luna, salpicada de su brisa en ojos de mujer agonizantes de amar.

Mi corazón escribió un corazón en la arena, antes de estar seguro de estar enamorado.

En salvaje e inocente cofradía, la playa fue testigo de juegos inutiles de niños jugando a ser adultos, que seguirían pese a todo, inocentes e inconcientes.

El murmullo de su voz me acompañó muy temprano y aún está conmigo.

Te invito a poseerlo, a hacerlo tuyo y a compartirlo. Debes respetarlo, mas no temerle. El mar come sol y exuda lunas, se pinta de fuego por las tardes y de bermellon o rosado en las mañanas. De noche, sirve de plato para que te puedas engullir la menguante de un solo mordisco. -La creciente es para casos graves de gula, con la llena... puede uno morir!-

Si lo visitas, aprecialo, cuidalo y saludalo de mi parte.

Estando ahi, puedes suspirar quedito y decir un nombre. El sabrá que hacer.

Ojala te enamores aún más...  

 

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Fábula fallida

Esopo no erraba del todo, las condiciones propicias claudican de caducidad y no se terminan de construir los escenarios con pedazos de sueños imperfectos.

No obstante, es mejor intentar el trecho que solo imaginar el final: El paisaje era subyugado por auroras boreales llenas de abril y primaveras temblorosas, con la sabida dosis de ambrosia.

En duelo histriónico, se revelaban a cada escena las dilatadas capacidades y las no tan evidentes carencias. No habia modo alguno de obviar las diferencias entre ambos.

Con la esencia callosa pero dispuesta, él podía pasar tranquilamente por un incipiente aspirante; arriesgado, arrogante, débil en muchas formas y frágil, lo más de frágil.

El sueño de sus suspiros viajaba a otro ritmo, con una cadencia desconocida y bucólica, casi como es una caída libre desde una alta y estelar galaxia.

Imaginaban un compás a contratiempo, un staccato ágil y breve, inmisericorde con el tímpano y suave con los recuerdos.

Las corcheas del aire, las semifusas marinas, estructuras borgesianas con aires de rayuela: la maga ataca de nuevo!

Un pequeño remolino los detuvo en el tiempo, dejandolos con los motivos al borde de la deshidratación. Intentaron reponerse, a fuerza de mareas y cánticos y luces y colibríes. No fue inútil. Simplemente no fue.

El entuerto no pudo desfacerse y ni Rocinante ni Dulcinea acudieron a auxiliarlos, solo Julieta de Sade pudo ayudar a escribir el epílogo -o moraleja- : hay historias que de tan exorbitantes, pareciera -y aqui la de William acota: pareciera- que es mejor no intentar escribir.

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Interminable...

Las luces de la mañana aun distaban. Era complicado. Las esperanzas daban batalla a fuerza de las casi agotadas calorías de viaje pero, poco a poco, su número minaba.

Consultó de nuevo el horizonte, oteando despreocupado para no parecer ansioso. Sombra. Aquella que deja la luz sin voz ni vuelo. Triste.

Los impertinentes -los amorosos y pocos-, los de siempre empezaron a rondar su idea. La luz intentó volver a golpes de destellos. Brillos diminutos pero poderosos.

La imagen intentó regenerarse y entonces, solo entonces pudo ver. De inicio, solo contorno y fondo, era como una antigua pintura de Degas o Monet, sin perspectiva, robando puntos de fuga al flamenco. Matisse solo sonreía.

Luego la magia, los espacios vacios se llenaron -eso intento entender- y todo pudo tener, por fin, un significado. Eso quiso ver. Eso supo. Eso acabo por asumir.

La ruta y destino encontraron puerto para, previa quema de naves, hacer los amarres necesarios. La morada y el fogón. El tálamo y las ansias, todo un ajuar que nadie, de entre toda la universal concurrencia que nunca concurrió, quiso arriesgar a reclamar.

Continuará. Nadie sabe hasta donde y desde cuando...

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